Incendiando la pradera
En ocasión de celebrarse el cumpleaños de Juan Justo Amaro, anoche en la sede del Club Artigas, el ex jefe de Policía de Florida y dirigente batllista Julián Américo Machín, refirió a un hecho triste de la historia uruguaya.
Machín, criado en el mundo de los negocios agropecuarios donde hoy también se desempeña alguno de sus hijos, hizo alusión a los años que hace que visitala Ruraldel Prado –donde hoy se realiza la tradicional exposición agropecuaria- y narró una anécdota.
Corrían tiempos en que el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro estaba en su esplendor y gobernaba el Partido Colorado. En oportunidad de realizarse la exposición ganadera, el movimiento amenazó con acciones directas en el predio ferial. Anunció que encenderían las camas de los animales (los pesebres), motivo por el cual fue necesario hacerles las camas de arena.
Emocionado hasta las lágrimas, Machín dijo que esta semana, en oportunidad de las premiaciones de los concursos estuvo presente allí el presidente José Mujica, quien fue unos de los ideólogos de aquellos hechos que amenazaban la estabilidad del país.
Quienes antes anunciaban que incendiarían los pesebres con los animales en el recinto, hoy están en el gobierno y van a colocar las cucardas.
¿Y eso por qué? Y allí la reflexión final de Machín: porque gente del Partido Colorado y del Batllismo, entre quienes se encontraba Amaro –que a la sazón ocupaba un cargo en el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Colorado- propiciaron la salida democrática que dio oportunidades a todos, incluyendo a quienes amenazaban con incendiar la pradera.
Hay una diferencia sustancial entre unos y otros: los batllistas volvieron a defender lo que siempre habían defendido, las instituciones democráticas, y los otros, los que prometieron hacer la revolución finalmente comprendieron –y nunca es tarde cuando la dicha es buena- que el país necesitaba de esos productores, de esos animales y de ese mundo que, antes, había sido el detestable mundo de las “oligarquías rurales”.
Hay motivos razonables para las palabras emocionadas, para establecer los diferentes parangones, para evocar la coherencia ideológica y contrastarla con los promotores del paradigma de que “como te digo una cosa te digo la otra”.
La anécdota es válida y viene de gente que sufrió en carne propia las consecuencias de un país desgarrado y hoy siente legítimo orgullo de haber formado parte de una generación de políticos que contribuyó a poner las cosas en su legítimo orden.
Enhorabuena entonces a José Mujica poniendo cucardas enla Ruraldel Prado: porque ese es el país en el que el Batllismo creía, que contribuyó a recuperar y en el que sigue creyendo.