Andrés Riva Casas
Cada hora, tres personas fallecen en Estados Unidos a causa de armas de fuego, mientras que siete reciben un impacto de bala. Mientras tanto, cada día, 53 personas utilizan una para quitarse la vida. En el año 2011, tan solo en este país, la cantidad de muerte por armas de fuego superó en más del doble la cantidad de muertos en atentados terroristas en todo el planeta. Y es que el promedio de muertes por arma de fuego en EE.UU. es 10 veces mayor que en cualquier país de Europa. Desde el año 1984 se han producido ocho grandes masacres de civiles – aunque la cifra aumentaría exponencialmente si tenemos en cuenta muchas en las que no han muerto menos de diez personas –, siendo la más reciente la sucedida en una escuela de Newtown, en la cual 20 niños y 7 maestros perdieron la vida a manos de un trastornado mental que ingresó al establecimiento con un fusil de asalto. Tan solo semanas antes un joven fanático asesinó a 12 personas e hirió a 50 en el estreno de la última película de Batman en un cine de Colorado.
Se reaviva el debate
El incremento en la frecuencia de este tipo de sucesos, en los cuales mueren infamemente decenas de personas inocentes, ha puesto nuevamente sobre la mesa un tema que se ha convertido en un tabú para la sociedad norteamericana: el control de armas. Desde 1791, la Constitución norteamericana – un texto prácticamente imposible de reformar o modificar – protege el derecho de los ciudadanos estadounidenses de poseer y llevar armas, derecho que se extiende a casi todo tipo de armamento existente, como los fusiles de asalto AR-15, un arma semiautomática capaz de disparar más de diez balas por segundo. Este fusil fue el utilizado por el asesino de Newton y es conocido como el preferido para cometer este tipo de asesinatos, donde lo que importa es asesinar a la mayor cantidad de personas posibles en la menor cantidad de tiempo. La Asociación Nacional del Rifle, organización conservadora que suele financiar campañas electorales de republicanos que pretenden un lugar en el Congreso, es la principal defensora de este derecho que, según afirman, es un estandarte fundamental de la libertad y su restricción representaría un ultraje al espíritu constituyente de la nación que mejor encarna los valores liberales.
Obama va con todo
El Presidente Obama, con gran impulso del vicepresidente Biden – y la estrecha colaboración de la congresista Gabrielle Giffords, quien en 2011 sufrió un impacto de bala en la cabeza en un atentado en el que fallecieron 6 personas –, ha iniciado el 2013 con una gran ofensiva en contra de la tenencia de armas, con un paquete de medidas que si bien no solucionarán el problema de raíz, atienden a controlar el mercado de las armas. Pero si bien el 52% de los norteamericanos se muestra favorable a imponer ciertas restricciones a los compradores de armas, la tarea de Obama no será fácil, dado que el Congreso es dominado por los republicanos, cuya postura es ampliamente conocida.
Sin embargo, la propuesta del Gobierno, que implica un presupuesto de 500 millones de dólares para luchar contra futuras masacres de civiles, incluye medidas que a estas alturas, y con los resultados a la vista, resulta inverosímil que alguien pueda oponerse a ellas. Entre otras cosas, se propone la prohibición de comercializar armas de asalto y la exigencia de comprobación de antecedentes criminales para todas las ventas.
Incierto futuro
Pero como ya se sabe de antemano, y el propio Obama lo ha reconocido al realizar su propuesta al Congreso, su iniciativa contra la tenencia de armas tiene un futuro incierto y elevadas posibilidades de fracasar y morir en la ignominia. Independientemente de ello es importante valorar la iniciativa de Obama, que ha decidido enfrentarse al establishment, y a una de las instituciones más antiguas, arraigadas y defensora de los valores más conservadores del país como es la Asociación del Rifle.
Debemos tener presente que la batalla de Obama contra las armas no es un mero capricho, sino que representa un lucha contra la más cruda violencia de una sociedad desbordada. Ver las imágenes desgarradoras de 20 niños asesinados debería ser suficiente motivo para darle la razón.